Esta noche nos ha dejado Pepe, EA7OH. Se ha ido en silencio, en paz, sin aspavientos ni ruido a su alrededor, se fue como vivió cada uno de los 90 años que estuvo entre nosotros.
Tuve la inmensa suerte de conocer a Pepe en mis inicios de radioaficionado hace ya tres décadas. Conozco a grandes radioaficionados, muchos de los cuales son un ejemplo para mi, pero sin lugar a dudas, sin menospreciar medio ápice a estos compañeros, si tuviera que tomar a alguien como ejemplo a seguir sería a Pepe.
Hay quienes miden la categoría de los radioaficionados por la cantidad y peso de los diplomas colgados en sus cuartos de radio o el número de entidades DXCC trabajadas en cada banda, y no son pocos los que utilizan esta vara de medir. A mi jamás me gustó esa regla, deshumanizada, fría y alejada de lo que en fondo nos define como aficionados a la radio: la humanidad. Sin embargo, y pese a todo, también para éstos, EA7OH, Pepe, era un ejemplo a imitar.
No lo recordaremos por sus logros, que fueron muchos y destacados, en este apasionante mundo, lo echaremos de menos por la persona que había detrás. La cercanía, buen hacer y compañerismo que me demostró desde el primer día es el poso que quedará en mi recuerdo. Poco importan las más de 300 entidades trabajadas en CW (por supuesto) y cinco bandas, tan solo me quedo con el recuerdo del Pepe que conocí hace 30 años y me acogió como un amigo más por el mero hecho de ser, como él, radioaficionado.
Pepe, EA7OH, es el ejemplo de lo que cualquier radioficionado debería ser, el espejo en el que deberíamos mirarnos para mejorar, como personas y como radioaficionados.
Descansa en paz amigo. Las circunstancias no nos han permitido despedirnos como es debido, pero estoy convencido de que desde allá donde estés, oirás el eco de miles de puntos y rayas que lloran tu ausencia, entre ellas las de este humilde aprendiz de radioficionado, porque a tu lado todos, o casi todos, éramos, en el fondo, aprendices.
Descansa amigo, descansa.